APRENDER EN LIBERTAD

APRENDER EN LIBERTAD

Los modelos educativos que siguen vigentes en la escuela parecen perder vigencia y capacidad frente a los niños y jóvenes que exigen nuevas maneras más participativas y amplias de escolaridad. La Pedagogía orgánica, una alternativa emergente frente a las prácticas en crisis.

Desde hace años se le machaca a la escuela no estar “a la altura” de las necesidades sociales, que lo niños y adolescentes “no aprenden”, que los docentes no pueden “controlarlos”, que perdieron el “respeto de antes”. Pero razonamientos que se reducen al sentido común, impiden reflexionar sobre el origen de las problemáticas que estas rupturas expresan, y por sobre todo, y no ligan estos comportamientos con los quiebres culturales, simbólicos y sociales que se dieron en las últimas décadas, que hacen que el profesor-aula, a imagen y semejanza de la prisión-carcelero, ya no sean respetadas por los estudiantes y tampoco por los padres mismos. ¿Qué alternativas hay a este modelo?

REDESCUBRIENDO EL SABER

“En la Pedagogía Orgánica cada acontecimiento e interacción se muestra como un valor socioeducativo que se aprovecha para visibilizar situaciones, descubrir fenómenos, analizar procesos más complejos y construir nuevas iniciativas”, señalan desde la comunidad educativa Raíces y Flores, una de las pioneras en esta experiencia en España. El primer punto de esta forma de estructurar es el respeto a los tiempos y motivaciones de los propios niños, o sea, que no se incide en que con determinada edad tiene que haber adquirido una serie de habilidades como leer o escribir… eso llegará cuando el niño quiera y pueda. Pero esta autogestión del saber, esta libertad no implica libertinaje: la primera engendra personas co-responsables con el mundo en el que habitan, con las personas que las rodean, mientras que el libertinaje (no capto) se funda en el egoísmo y el narcisismo, elementos que se intentan desarraigar en el proceso educativo.

En segundo lugar, también implica una transformación del medio. Frente la arquitectura escolar diseñada para espacios cerrados, la Pedagogía orgánica, prioriza la capacidad de los niños a desarrollarse en espacios abiertos, no reducirlos entre cuatro paredes. Esto se da porque el contacto directo con el medio natural facilita el aprendizaje de los propios límites, la confianza en uno mismo y la seguridad, porque constantemente se están aproximando a los riesgos y situaciones que nos van a permitir construir una imagen personal de los límites que tenemos. Pero también los niños y jóvenes educados en movimiento generan mayor desarrollo y capacidad del movimiento y la psicomotricidad.

Finalmente, la Pedagogía orgánica también implica un cambio en la formación y comportamiento del docente, ya sea con los estudiantes, como también con sus compañeros. Frente a la tiranía de un currículo cerrado, un libro de texto que pretende hacer nuestro trabajo, una evaluación que nos convierte exclusivamente en correctores y no en guías para el aprendizaje, esta propuesta permite imaginar, permite dialogar con los compañeros y compañeras, compartir estrategias, diseñar juntos los distintos programas. Así, los objetivos, contenidos y las prácticas se construyen con los alumnos, no a pesar de ellos, lo que hace del diálogo y la creatividad un punto clave para el desenvolvimiento.

Ante una escuela en crisis, la pedagogía orgánica se muestra como una opción. Una opción que implica cambios estructurales en el sistema educativo, tanto en lo económico, pero también, en lo cultural y simbólico. Habrá que seguir construyendo los caminos para tender los puentes entre las familias, los docentes y los estudiantes, para rehacer un vínculo que hoy ya no se mantiene.

 

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