Buenos Aires, la Ciudad con menos verde de la región

Si bien el Gobierno dice que hay 6,2 m2 por persona, esa cifra incluye macetones y canteros. La Organización Mundial de la Salud recomienda entre 10 y 15 m2 de áreas verdes por persona.

Los parques y las plazas en la Ciudad no abundan y se está muy lejos de cumplir con los estándares mínimos que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según este organismo, las ciudades deben ofrecer entre 10 y 15 m2 de área verde por habitante. El gobierno dice que los porteños tenemos 6,2 m2 por cabeza aunque para organizaciones ambientalistas ese registro está inflado ya que se cuentan hasta los macetones y canteros. Si se descuentan estos espacios, las propias estadísticas oficiales retroceden a 3,19 m2 de verde, tal como dice el Banco Interamericano de Desarrollo.

Nadie discute el impacto benéfico de las zonas arboladas y la naturaleza sobre la calidad de vida. Hasta no hace mucho tiempo, el enfoque estuvo dominado por cuestiones urbanísticas y ecológicas. No es para menos: los espacios verdes tienen una función central en las ciudades donde impera el cemento. Además de representar una mejora estética, regulan la temperatura, producen oxígeno, filtran la radiación, absorben los contaminantes y amortiguan los ruidos. Pero más allá de su funcionalidad urbana, los espacios verdes también funcionan como ámbitos de recreación, encuentro y relax.

“Hay que considerar a las plazas y parques de la ciudad como sitios privilegiados para el encuentro ciudadano, es decir, para la comunicación y para los vínculos sociales, como soporte para el esparcimiento, la recreación –activa y pasiva- y, también, para el fortalecimiento de la identidad urbana”, explica a Diario Z la arquitecta Graciela Brandariz, especialista en gestión ambiental metropolitana y responsable del área de medio ambiente de la Sociedad Central de Arquitectos.

“Los espacios verdes públicos otorgan calidad a la ciudad y, por ende, deben ser uno de los ejes de las políticas públicas”, añade.

La Universidad de Exeter, en Gran Bretaña, comprobó que existe una relación intrínseca entre la calidad de vida y el acceso a las áreas verdes en las grandes ciudades. El estudio, que relevó datos de unas diez mil personas durante 18 años, muestra que quienes viven en las zonas urbanas con más espacios verdes “tienden a reportar un mayor bienestar en relación con quienes no tienen parques, jardines u otro espacio verde cercano”.

Según la revista Phychological Science, se trató de un “estudio longitudinal” aplicado sobre el mismo grupo de personas, donde se analizaron distintas variables relacionadas con la salud mental a través de un índice de calificaciones de satisfacción con la vida.

Así los investigadores descubrieron que los individuos que tienen un acceso más próximos a zonas verdes sienten menos angustia y están más contentos y satisfechos con su vida y con ellos mismos: “Vivir en una urbe con niveles relativamente altos de espacios verdes pueden tener un impacto significativamente positivo en el bienestar; alrededor de un tercio del que produce estar casado”, afirman.

“No sólo son importantes los espacios verdes en sí, sino la relación que debe fomentarse con esos espacios”, explica a Diario Z Beatriz Clavería, psicóloga social e integrante del Consejo de Planeamiento Estratégico del gobierno porteño. Para Clavería, no tener un parque o plaza cercanos afecta muchísimo. “Es necesario porque es un lugar de oxigenación. Por eso cuando se recupera un espacio, por más chico que sea, es una fiesta para los vecinos. No sólo es un lugar de encuentro donde los niños pueden jugar.” Para la especialista, el desafío es generar una relación de compromiso entre la gente y el ámbito, más allá del disfrute individual: “Se tiene que comprometer a las familias y las escuelas en el mantenimiento y la concientización al respecto”. Clavería propone, por ejemplo, hacer huertas comunitarias en los parques más grandes, y que la tarea esté a cargo de escuelas y padres.

Si la población necesita de los parques y las plazas, es inevitable que haya tensiones con los que ven en la mancha verde una oportunidad para hacer negocios.

“Siempre va a estar la discusión. Pero de alguna manera tenemos que lograr que haya una intermediación, por eso es necesaria la mano del gobierno para encontrar esos espacios”, añade Clavería. Brandariz, por su parte, agrega que hay que tener en cuenta que los hábitos de ocio, recreación y las formas de relación social se han vuelto mucho más informales. “El vecino –afirma– hace un uso más intenso de estos espacios y requiere variedad de oportunidades para el aprovechamiento de su tiempo libre, para lo cual demanda, entre otras cosas, espacios sectorizados, niveles adecuados de accesibilidad al interior de los espacios verdes, seguridad para adultos y para los niños, calidad en la cobertura vegetal y lugares de encuentro con protección del sol mediante una adecuada forestación urbana.”

Riesgos del lucro

El titular de la Agencia de Protección Ambiental (APRA), Juan Carlos Villalonga, reconoció que la ciudad está lejos de cumplir con los estándares mínimos y que es difícil revertir la situación. En una entrevista con Diario Z, Villalonga advirtió que ante la escasez de áreas disponibles para la construcción de viviendas o de logística para el tratamiento de la basura, “todos los espacios verdes están en riesgo”.

La situación local contrasta con la de otras ciudades. Curitiba, la capital del estado de Paraná, en Brasil, es la ciudad más verde de América latina con 52 m2 por persona. Vitoria-Gasteiz, en el País Vasco, recibió el premio Capital Verde Europea 2012 con 40 m2 por habitante. Vitoria tiene huertas gratuitas para los vecinos, que viven –sin excepción– a menos de 300 metros de una plaza. Nueva York, a pesar de sus enormes rascacielos y avenidas, tiene 23,1 m2 por habitante. Santiago de Chile concentra en sólo nueve comunas –donde vive el 20 por ciento de la población– casi la mitad de las áreas verdes de la ciudad

El gobierno local reconoció este déficit y lanzó el año pasado el Plan Buenos Aires Verde, ideado por el ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chain. Está pensado para 20 años y apunta a “mitigar los efectos del daño que provoca el cambio climático, reducir la temperatura de la ciudad, disminuir el consumo energético y limitar la emisión de gases de efecto invernadero”. Prevé crear nuevos parques, promover terrazas verdes, aumentar el arbolado urbano, autopistas verdes y las macromanzanas, que serían cuatro manzanas donde la prioridad la tenga el peatón, entre otras cuestiones.

El objetivo es que los vecinos tengan parques o plazas a no más de 350 metros de su casa. Para eso se construirían 78 nuevas plazas y ampliarán una treintena ya existentes.

También se construirán 12 grandes parques, el primero de los cuales ya está en marcha, que es el Nuevo Centro de Exposiciones y Convenciones, al lado de la Facultad de Derecho de la UBA. Por ahora, es lo único que está avanzando.

La preocupación del gobierno es compartida por especialistas. Según la arquitecta Brandariz, la ciudad está igual que en 1923, cuando se puso en marcha el Plan Noel, que preveía la “construcción de un sistema metropolitano de espacios verdes jerarquizado con parques plazas, patios de juegos, comunicados por avenidas paseos y boulevards, y arbolados. Los espacios verdes que hoy tenemos –dice– no constituyen un sistema interrelacionado y complementario, sino que se distribuyen irregularmente en el territorio y sin correspondencia con la densidad de población y urbanización”.

El ecólogo Jorge Morello escribió en 1999 que “la ciudad es un mosaico de microparches de verde, insertos en una extensa matriz donde la estructura ecosistémica natural ha sido prolijamente destruida”.

El Google Earth –un programa que muestra un planeta virtual, con base en la fotografía satelital– confirma la apreciación del ecologista Morello: la distribución de los espacios verdes está desbalanceada.

Las comunas 1 y 8 son las más beneficiadas. En la primera (Retiro, San Nicolás, Puerto Madero, San Telmo, Monserrat y Constitución) inciden los diezmados jardines de la Costanera Sur, las plazas de Puerto Madero y las 353 hectáreas de la Reserva Ecológica. En la Comuna 8 (Villa Soldati, Villa Lugano y Villa Riachuelo), lo determinante es el Parque Indoamericano (120 ha) y el Parque Roca (154 ha).

Aunque el proceso de cementación de los espacios verdes del sur es incesante, ambas comunas conservan un envidiable 23 m2 por habitante. La peor parte en cuanto a aire puro, arbolado, contacto con la naturaleza se la llevan las comunas 3 (Balvanera y San Cristóbal) y 5 (Almagro y Boedo), que tienen apenas 0,4 m2 por habitante.

“Una ciudad que no puede ofrecer a sus ciudadanos suficiente cantidad de espacios verdes, de acceso público y distribución homogénea, proporcional al número de habitantes, ejerce una enorme presión adicional sobre los espacios verdes existentes, sobre su entorno periurbano y sobre el ambiente”, reflexiona Brandariz.

El primer bar en Parque Chacabuco

El gobierno llamó a licitación para construir “un área de servicios” en el Parque Chacabuco –el primero desde que fue aprobada la ley que habilita bares en las plazas– y la Asamblea que agrupa a vecinos del barrio comenzó una campaña para evitarlo.

El Parque Chacabuco fue creado en 1903 y diseñado por el paisajista francés Carlos Thays. Se encuentra entre las avenidas Eva Perón, Curapaligüe, Asamblea y la calle Emilio Mitre. Sus 22 hectáreas lo transforman en el tercer pulmón verde más importante de la Ciudad.

Poco a poco, fueron recortando su superficie. Y en 1978 quedó partido al medio por la autopista 25 de Mayo. Se construyeron cuatro escuelas, una pileta al aire libre, una pista de atletismo, un anfiteatro, el Centro Cultural Adán Buenosayres y el ingreso a la estación Emilio Mitre de la línea E del subte. También hay una gran fuente de agua, un centro de vialidad, una Estación Saludable, un estacionamiento cerrado y varias calles internas cementadas. Y bajo la autopista ya funciona un bar.

“De las 22 hectáreas, quedan menos de ocho de área verde”, dicen los vecinos de la Asamblea, que se juntan todos los domingos para protestar contra el bar. El “área de servicio” se inauguraría en octubre. Contará con 260 m2 entre sanitarios, un espacio para venta de bebidas y comidas, un área cubierta para mesas y sillas (más otra al aire libre), estacionamiento para bicicletas (cubierto y descubierto) y una biblioteca. Una vez construido, el espacio será concesionado. Paula Castelli, de la Asamblea, dice que así “el parque perdería 260 m2 más de los que ya perdió. Sería un despropósito sumar cuatro bares al parque cuando ya hay una confitería. No descartamos una acción judicial, si es que no se avanza en otros planos”, añadió Castelli.

Sin respuesta del gobierno, los vecinos quieren motorizar un proyecto del legislador Adrián Camps para que el Parque Chacabuco quede exceptuado de la ley de bares. “Iremos despacho por despacho para tratar de convencer a los diputados”, advirtió.

La construcción del bar está habilitada por una ley de mayo de 2014, que permite que el gobierno entregue permisos precarios hasta por cinco años para que sean instalados bares en parques de más de 50.000 m2. Según datos oficiales, reúnen esta condición unos 60 parques. El Chacabuco, por su tamaño, podría albergar hasta cuatro “áreas de servicios”.

Según fuentes del gobierno consultadas por Diario Z, los próximos espacios verdes a intervenir serían el Parque 3 de Febrero, y las plazas San Martín (Retiro) e Irlanda (Caballito).

Fuente: Redacción Z

 

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