CON SABOR PROPIO

CON SABOR PROPIO

Tras dos años de trabajo duro y organización, la cooperativa yerbatera La Hoja se hizo cargo de la producción y comercialización de sus productos. Ahora sus trabajadores ven un futuro prometedor, tan pleno como un mate que recién se prepara.

 “Esto llevó todo un proceso largo con la justicia y la desvinculación con una empresa ligada a la comercialización para tener la independencia absoluta para la explotación y la venta de los productos”, nos dice Marcela Macellari, la abogada de La Hoja. Resume, mientras toma su infusión que pasa por la bombilla: “Desde el campo hasta la venta, todo está en manos de la cooperativa”.

La empresa yerbatera que gestionan los trabajadores, quienes producen a una compañera de millones de argentinos, cumplió dos años pero, ¿cómo empezó la historia? Corría 2008 cuando la familia Martín, propietaria de la compañía, entró en un proceso de quiebra que recién se resolvió en 2014. Los ex empleados no bajaron los brazos durante ese proceso: empezaron a poner el agua.

Dos años atrás hubo un nuevo giro en la historia de La Hoja cuando el juez que llevaba la causa, Fabián Bellizia, detectó irregularidades en el cumplimiento de la Ley de Quiebras. Pasó después de que la compañía quedara a manos de Demirol S.A. Por eso se llamó a licitación, una que ganó la firma CBSé. Pero los trabajadores resistieron la medida: ellos querían armar una cooperativa para evitar el gusto amargo. A fines de 2014, cuando el verano invitaba tereré, pidieron la continuidad laboral, que llegó siete meses después. Aún así el control sobre el total de los productos no dependía de los asociados porque la comercialización quedaba en manos la sociedad anónima Mavea. Tuvo que pasar un año y medio para que la gestión obrera fuera plena: el 11 de mayo finalmente se rescindió el contrato que los unía.

SORBO A SORBO

 Desde junio de este año, los trabajadores de La Hoja se encargan de todo el proceso, que va desde la producción hasta las ventas. Lo hacen a través de sus dos plantas que quedan en San Ignacio, Misiones, y en Rosario, Santa Fe.

“Se está buscando no perder mercado debido a todo el impasse que se generó por la desvinculación con la anterior empresa que explotaba los activos y la cooperativa, y toda la cuestión judicial, hizo que hubiera demoras: hubo que inscribir a la cooperativa en todos los rincones, porque es una cooperativa que tiene 125 trabajadores, en dos provincias distintas”, explica Marcela. Nada frena a los asociados, quienes apuestan a cerrar el año con una producción al máximo y reafirmando el valor de la economía social y solidaria.

Actualmente, la cooperativa, cuyos productos llegan a Rosario, que es donde más se vende; Buenos Aires, Córdoba, Salta, Tucumán y Mendoza y a Posadas; tiene una capacidad de producción de 800.000 kilos por mes, con una máquina que envasa 80 paquetes de medio kilo por minuto. Con una venta que va de 450.000 a 500.000 kilos por mes, la tendencia va para arriba y a favor del trabajo autogestivo.

Sólo tres países en el mundo producen yerba mate con importancia económica. Argentina es el principal productor, con una superficie cultivada de unas 165.000 hectáreas, seguida por Brasil (85.000 hectáreas) y Paraguay (35.000 hectáreas). En ese marco, La Hoja ya le está tomando gustito a la autogestión plena. “Hoy estamos asentados, sin problemas económicos, pero con problemas de financiación”, nos dice Alfredo Fonseca, presidente de la cooperativa. La yerbatera se encuentra en tratativas con el Banco Nación y el Ministerio de Agroindustria.

Sobre el mal trago que ahora es un porvenir espumoso, como un mate que recién arranca, Alfredo cierra: “Ya estamos saliendo, ya arrancamos. Estamos trabajando a un 60 de la capacidad productiva de la planta, del molino y de la comercialización. Fue difícil, porque arrancamos desde cero, pero vamos para adelante”.

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