CUIDAR NUESTRO SUELO

CUIDAR NUESTRO SUELO

El Centro Educativo, Recreativo y de Producción Agroecológica es desarrollado por la Cooperativa Unión Solidaria de Trabajadores. Desde ese espacio nos comparten consejos para no descuidar el planeta.

El centro tiene seis hectáreas de extensión en la zona conocida como las quintas de Villa Domínico, en el conurbano bonaerense y a media hora de la Ciudad. Ahí, en esa zona geográfica rodeada por la Autopista Buenos Aires-La Plata y el Acceso Sudeste, el desarrollo sustentable es posible: la huerta orgánica, uno de los ejes principales de ese proyecto de la Cooperativa Unión Solidaria de Trabajadores (UST), permite entender que “cuidar la tierra, nuestro suelo, es una manera de cuidar a la Tierra, nuestra casa común”, según cuentan quienes meten mano esas pequeñas partículas de arena, limo y arcilla.

“En la Huerta orgánica, la tierra es el elemento básico para que las plantas tengan un buen crecimiento, resistencia a las plagas y buena calidad como alimentos. Estamos convencidos que su cuidado es el pilar fundamental de toda producción sustentable”, dicen quienes impulsan el Centro Educativo, Recreativo y de Producción Agroecológica. Es cierto: en ese espacio en donde millones de microorganismos que trabajan continuamente para producir los nutrientes que luego servirán de alimento a las plantas, se promueve la autoproducción de alimentos a través de la aplicación de técnicas agro-productivas compatibles con modelos ambientales sustentables.

La solidaridad es uno de los valores del cooperativismo y por eso UST comparte consejos sobre cómo cuidar la tierra. ¿De qué manera podemos asegurar cosechas sanas y abundantes todo el año y en cualquier espacio con tierra orgánica?

“Primero debemos asegurar la protección de la superficie del suelo porque en esos primeros centímetros es donde está la tierra fértil y los seres vivos que fabrican el alimento para las plantas. Esta es la razón por la cual no vamos a dar vuelta el pan de tierra al preparar los tablones, y los mantendremos siempre sembrados o protegidos con mantillo, que amortiguará los golpes del agua y evitará la erosión por el viento o el desecamiento por el sol”, indican en detalle.

La planificación de las rotaciones de los cultivos también será fundamental porque permitirá que las plantas que se suceden aprovechen mejor todas las capas de la tierra y los nutrientes que ésta posee. También es importante alternar con especies “reponedoras”, llamadas así porque son plantas que enriquecen la tierra, aportándole fertilidad. Son las leguminosas: poroto, arveja, habas.“Con el fin de alimentar la tierra, en invierno podemos comenzar por plantar habas. Así, tendremos un tablón mejorado para sembrar tomates en la primavera. Al invierno siguiente podemos poner verduras de hoja y al próximo verano hortalizas de raíz”,  ejemplifican.

Incorporar abonos orgánicos es otra manera de cuidar la tierra: en la huerta no se usarán productos químicos para aumentar la producción y el tamaño de las hortalizas que se cultivan. Pero, ¿cómo se fabrica ese abono?

“Lo ideal es apilar distintos materiales en capas, intercalando restos de vegetales verdes, restos de cocina, paja, estiércol, tierra y así sucesivamente. Hay que regar la pila para asegurar una buena cantidad de humedad y protegerla con algún material (plástico o chapa), para evitar que las lluvias perjudiquen la fermentación del preparado por anegamiento”.

Para evitar que los suelos se agoten  no se deberá repetir un mismo cultivo año tras año porque eso provoca el agotamiento de ciertos nutrientes. Tampoco su uso continuo sin reponer la fertilidad que las plantas consumen.

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