De la huerta a tu mesa

De la huerta a tu mesa

La idea de soberanía alimentaria es alcanzable. Es el derecho de los pueblos a decidir su propio sistema alimentario y productivo, es decir: qué consumir, quién produce el alimento y de qué manera se produce y se comercializa para el consumo respetando la biodiversidad y el trabajo digno. Parece simple, pero si solamente se piensa en cómo se comercializa, ya hay que entrar en un mundo muy complejo.

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¿Cómo lograrla?

“Repoblando el campo”, contesta Emilio Pérsico, secretario de Agricultura Familiar. Los pequeños productores tienen que multiplicarse. “El modelo neoliberal destruyó la producción y a los productores, y el proyecto nacional y popular iniciado en 2003 se encargó de revertir esta tendencia. Así, hoy están dadas las condiciones para iniciar un proceso de desarrollo del sector”, explicó cuando asumió el cargo.

Deolinda Carrizo, del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), nos contó algunas de las articulaciones entre el Estado y organizaciones campesinas. Ese espacio cuenta con carnicerías comunitarias para la venta al público; y con cinco fábricas de productos regionales como escabeche de cabrito, mermelada de sandía, dulce de leche de cabra, miel del monte, queso de cabra. Además, otros puntos de venta son ferias que se entretejen redes de comercio justo.

“Poco a poco se van haciendo mejoras y articulando con la Facultad de Agronomía de la UBA, que venía y hacía seguimiento de la calidad. Además trabajamos con gente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial para adecuarnos a la ley sanitaria”, enumera entre otras articulaciones, mientras destaca el vínculo con el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca que propició el sello de la Agricultura Familiar Campesino Indígena, que marca la procedencia de algunos productos colocados en mercados locales. En la misma línea, prometió pelear para que todas las provincias se adhieran a la ley sancionada el año pasado.

Lo que falta

Deolinda también ejemplificó las dificultades a las que se enfrenta la agricultura familiar, en este caso, campesino-indígena: “Hace falta pelear para asegurar la producción, porque de repente podemos estar produciendo, pero no colocando los productos en el mercado”. Una posible solución es que los Estados, tanto nacional como municipales y provinciales, sean compradores: “Muchas veces producimos y la mercancía se pudre o se vende a precio irrisorio. Debemos seguir disputando las políticas públicas para que estén orientadas en este sentido”.

Existen algunas “políticas testimoniales”, como la compra del estado provincial de Mendoza de 50 mil frascos de tomates en conservas a la Unión de Trabajadores Sin Tierra. Lejos y hacia el norte, en Jujuy, algunos municipios adquieren papa andina y le habilitan mercados para que la papa blanca, la comercial, no se quede con todos los campos.

Otra política que reclama la MNCI es la discriminación positiva a favor de los pequeños productores, por ejemplo, en los precios de las vacunas exigidas por sanidad. “Nosotros no vendemos a precio internacional. Eso debe reconocerse”, sentenció la referente del movimiento.

El cooperativismo para alcanzar la soberanía en los alimentos

La Mesa Nacional de Cooperativas Productoras de Alimentos se formó luego de que 14 federaciones que agrupan a esas empresas le dieran forma en el marco de un congreso nacional. La meta fue clara: regular la especulación para asegurar la soberanía alimentaria, industrializar la ruralidad para generar más trabajo.

Allá van: luego de darle forma al flamante espacio, los asociativistas se reunieron con autoridades del Ministerio de Economía. En conjunto surgió una agenda de desafíos que van desde políticas públicas de financiamiento, comercialización y valor agregado; imponer al sector solidario como una opción de consumo en el mercado; incorporar esos productos a Precios Cuidados; crear cajas de crédito de origen cooperativo y un fondo fiduciario con base en Credicoop y un banco de desarrollo rural que tenga todas las herramientas que necesiten los productores del sector rural y un perfil adecuado.

Del campo a la Mesa

“El desafío es coordinarnos en el movimiento social para consolidar poder económico y para eso falta dar un salto en las cooperativas”. Lo pensó Esteban Motta, de la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe). Junto a Acohofar, Fopal, Fecaer, Fedesam, Fecoapi, Fecopam, Fonaf Fecoagro Fedecoop, Corrientes, Facaal, Fecootra, Fecolac, Facta y al Consorcio Yerbatero de Misiones, analizan desde la Mesa la producción, comercialización, distribución e industrialización de alimentos (valor agregado en origen) y su impacto en el trabajo de los argentinos; además de las propuestas innovadoras para la soberanía tecnológica en la producción de alimentos, así como el consumo.

“Las cooperativas son imprescindibles en un modelo de desarrollo agropecuario que incluya a pequeños y medianos productores”, coincidieron.

 

El primer eslabón de la cadena alimentaria es cooperativo

Las Federaciones cooperativas Fedecaba, Facta, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, y otras organizaciones sociales, se acercaron al último molino de harina de la Ciudad de Buenos Aires para apoyar a los trabajadores, que están empezando el proceso de recuperación de la fábrica.

Desde el acercamiento de Facta, los trabajadores de Molino Osiris decidieron apostar por comenzar a producir y vender su producto apenas puedan facturar. Después de la visita de Hugo Cabrera (Campichuelo), Joaquín Bejarano (Consol) y Leonardo Duva (Madera la Nacional), la flamante Cooperativa de Trabajo 31 de Octubre Ltda., surgida del Molino, también empezó a desarrollar oportunidades comerciales en Argentina y en Paraguay.

En cuanto la Cooperativa pueda facturar y repare la máquina fraccionadora, Consol planea hacer una compra de una tonelada de harina mensual. Para que se pueda reparar y eso pase, ya se están rearmando redes solidarias.

Damos la bienvenida al único Molino porteño a la Economía Social. Gracias a sus trabajadores y a los cada vez más fuertes tejidos cooperativos, una empresa cuya industria se viene achicando y concentrando, no sólo no va a cerrar, sino que también va a ser solidaria.

 

 

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