La experiencia de un consumidor responsable

José Pereyra es un nuevo asociado a la cooperativa de consumo La Yumba. La conoció durante el proceso de recuperación del restaurante donde trabajaba, Los Chanchitos. Como la empresa quebró, junto a sus compañeros se pusieron al hombro la gestión y en ese camino conoció otra forma de consumir.

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“Ahora es distinto”, asegura José, presidente de la flamante Cooperativa Los Chanchitos Ltda. Lo que cambió es absolutamente todo, no solamente que todos los compañeros sean -todos y cada uno- los patrones de su trabajo, los que marcan horarios, reglas, pautas, los que cobran por todo lo que trabajan. La mentalidad es otra y las ganas de trabajar. Eso lo ganaron gracias a conocer otras experiencias y nutrirse de ellas.

Uno de esos aprendizajes se dio gracias a que la cooperativa La Yumba se acercó a brindarles su solidaridad mientras José y sus compañeros recuperaban su laburo.

¿Qué productos comprás en La Yumba?

De todo. Yerba, harina, vino, fideos, leche. Todo.

¿Qué beneficios te trajo asociarte a La Yumba?

Me ofrecen mucha mercadería a buen precio. Ya estamos pensando en hacer un nuevo pedido porque a la primera le dimos, con los compañeros de Los Chanchitos, un uso solidario: no usamos todo en el restaurante, sino que lo llevamos a un merendero de Moreno, en un barrio muy postergado. A partir de eso, quizás también empiece otro proyecto cooperativo y solidario en Moreno. Por otro lado, nos ayuda a probar mercadería cooperativa, porque nuestra idea es empezar a conocerla. Cuando conocimos la yerba Playadito, por ejemplo, la empezamos a comprar todos. Es positivo para todos.

¿Los precios están al nivel del mercado tradicional?

Están muy bien los precios. Yo diría que están más abajo que los del mercado. Están baratos. Cuando traje el catálogo, los compañeros se dieron cuenta de que están bastante por debajo. Imaginate que los compañeros vienen de provincia.

¿Y cómo te organizás?

Como yo sé que los compañeros no se acercan a comprar con solo asociarse, entonces yo compro, lo traigo al local y lo repartimos.

¿Qué es lo que más valorás de haberte asociado?

Es bueno para mí por los precios, ayudo a la cooperativa de consumo y a las productivas, y, cuando donamos, también al barrio.

¿Qué aprendiste gracias a cruzarte con experiencias así?

Gracias a haber conocido a La Yumba y muchas otras cooperativas, sabemos que nos podemos hacer cargo de todo en nuestro trabajo, porque somos los dueños y los trabajadores. Estuve recién con el carpintero, por ejemplo. Estamos proyectando a cambiar, a mejorar. Los cocineros juegan con el laburo, se cagan de risa, la pasan bárbaro. Antes eran problemas de la empresa. Sabíamos que lo que se rompía no se reparaba. Nos la teníamos que arreglar como podíamos. Sabíamos que las cosas venían mal y mucho no se podía hacer, como la freidora vieja con la que ya no se podía trabajar. Imaginate un sábado a la noche que se mezclaba el aceite y se rebalsaba todo. No podían seguir laburando. Era un dolor de cabeza para ellos. Con esta máquina nueva, ya no pasa. Con las heladeras lo mismo. Cuando más gente había, una se rompía. Ahora se labura de otra manera, se olvidaron de los quilombos que teníamos antes.

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