LEGALÍCENLA

LEGALÍCENLA

Ese fue el pedido reciente de la ONU al gobierno argentino sobre el consumo de marihuana, ante una legislación que obliga a un consumo de baja calidad y riesgosa. ¿Qué aportan las experiencias permisivas en el uso canábico?

Mientras aumenta el consumo y la conciencia sobre su uso medicinal y recreacional, el impacto de las políticas represivas contra los usuarios de marihuana varían según las provincias, ciudades y poder adquisitivo. Las Naciones Unidas pidieron un cambio en las leyes para no aplicar penas a los que la consumen, pero mientras tanto, el cannabis de calidad es muy caro y poco accesible. La Corte Suprema y el Congreso habían avalado ciertos comportamientos como la utilización medicinal, la posesión de cierta cantidad de plantas y gramos sin ser considerado como narcotráfico.

¿QUÉ FUMAR EN ARGENTINA?

“Es imposible cómo va a responder el gobierno, por las políticas que viene adoptando, que son de neto corte prohibicionistas, donde la criminalización a los usuarios de drogas, según informó la Fiscalía Federal N°6, aumentó un 50 por ciento entre el 2015 y 2016. Hay que ver cómo reacciona el gobierno, ante un contexto de presión popular ante este tema, tal como se vio obligado a aprobar el año pasado una ley, con grandes limitaciones, para el uso de la marihuana medicinal”, dijo a Consumo Solidario el director de la Revista THC, Sebastián Basalo.

Hoy, el país cuenta con distintas legislaciones en torno al uso, consumo y cultivo de marihuana. En principio, está prohibido y penado por la ley: el usuario es un criminal, tal como lo tipifica la Ley Antidrogas n° 27237, que castiga el autoabastecimiento de la hierba con penas de entre 4 y 15 años de prisión. Sin embargo, en la última década hubo cambios al respecto, a partir del fallo de la Corte Suprema en el famoso Fallo Arriola. En el 2009 dispuso que es inconstitucional sancionar penalmente a quien tenga cualquier droga para consumo personal, y que sólo podría hacerse en dos situaciones: tráfico y daños a terceros.

Esto, sin embargo, no modifica la ley antidrogas, que sigue vigente. Si un policía detiene a un consumidor, estaría actuando conforme a la legislación. Lo que sí, los jueces no avanzarían en la causa –aunque podrían hacerlo- dado que, en caso de continuar con los amparos a los fallos, una vez llegada a la Corte, ésta anularía dicha causa. O sea, es ilegal, pero a la corta o a la larga, la causa no prosperaría. Lo mismo sucede con la posesión de semillas de cannabis y el autocultivo. Fallos de la Cámara Federal de La Plata y Córdoba, dispusieron que no se debe penar ni la tenencia de semillas ni el cultivo de cierta cantidad de plantas si se demostraba que era para autoconsumo.

“Lo que pidió la ONU a la Argentina, en vistas de que su legislación se adapte al fallo de la Corte Suprema en el 2009, el fallo Arriola, y sobre todo para mejorar la salud de las personas que hacen uso de sustancias ilegales, que en un contexto de criminalización hace imposible atender cualquier tipo de consumo, no tiene nada que ver con mejorar la calidad de la sustancia, dado que dejar de criminalizar al usuario, no tiene nada que ver con la regulación de los mercados, como hizo Uruguay en el 2013, en un escenario donde la gente no estaba criminalizada por tener sustancias para su consumo, se propusieron resolver el interrogante de cómo hacer que un usuario de marihuana que no iba preso por tenerla y consumirla, proveerse de una manera segura y de calidad controlada”, señaló Basalo.

MÁS CONOCIMIENTO: HOLANDA Y LOS RESULTADOS  DE LA REGULACIÓN POSITIVA

En 1976 los Países Bajos tomaron una decisión que cambiaba el escenario del consumo canábico a nivel local: lo legalizaron, con la centralización de su uso y venta en los llamado coffee shops, establecimientos que deben seguir determinadas reglas: primero, no se puede vender más de cinco gramos por persona al día, no se pueden comercializar drogas duras –como el éxtasis, LCD, entre otras-, pueden hacer publicidad, deben evitar cualquier tipo de molestias al barrio y sólo pueden operar con mayores de 18 años. ¿Cuál fue el resultado de esta política? A diferencia de lo que cierto sector suele vociferar, lejos de aumentar el consumo de marihuana o que ésta fuese un “puente” hacia otros estupefacientes, su utilización se mantiene constante, a precios bajos, de buena calidad y por debajo de una gran cantidad de países prohibicionistas. Una investigación realizada por Centro de Investigación de Políticas sobre Drogas, mostró que en Holanda 10 de cada 100 personas habían consumido cannabis entre 1998 y 2005, muy por debajo de Escocia y Gales, cerca del 20 cada 100, Francia, España, Alemania, Italia, Dinamarca y Eslovaquia, que oscilaban en los 12 y 17 cada 100. A su vez, acorde a las estadísticas presentadas por el Centro Europeo de Monitoreo sobre Drogas y Adicción (Emcdd), Holanda está entre los menores casos de adicción de opiáceos, el más bajo en las inyectables y menor proporción de consumidores de cocaína.

Dato a saber: en una encuesta realizada sobre residentes de Holanda, el 65 por ciento se declaró completamente de acuerdo con la legalización, producción, venta y consumo de la planta. El 61 por ciento, consideró como “mala idea” que sólo se pueda vender a los locales y no turistas. Y el 57 por ciento pensaba que el cultivo de hasta 5 plantas para uso personal no debería ser un problema.

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