ORÍGENES Y DIVERSIDAD DE LA PAPA

ORÍGENES Y DIVERSIDAD DE LA PAPA

Los orígenes de la papa se localizan en la Región Andina. Su domesticación inició hace aproximadamente 10.000 años y su cultivo hace 7.000 años. En esta región, es aún posible encontrar parientes silvestres de la papa. El cultivo en épocas precolombinas cubrió amplia área geográfica que se extiende desde Venezuela hasta Chile.

La papa posee una enorme diversidad genética compuesta por especies cultivadas y silvestres. La mayoría de estas especies pueden polinizarse entre sí (Estrada et al., 1994). La Región Andina alberga alrededor de 4.400 cultivares de papas nativas de las cuales 182 son especies domesticadas (Brack, 2003). La mayoría de los cultivares nativos son originarios de Perú, Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia y Argentina; y a pesar que muchas de ellas se encuentran custodiadas por el Centro Internacional de la Papa (más del 80%), la mayor diversidad en la Región Andina es mantenida en los campos de los agricultores (Huamán, 1994).

En el desarrollo de los organismos transgénicos, se inserta genes en un organismo, en el genoma de otros organismos, con los que jamás intercambiarían información genética. Por ejemplo, se ha insertado genes de resistencia a heladas provenientes de un pez lenguado del Ártico en la papa, para producir una papa transgénica resistente a heladas. Dado que este es un proceso que no es natural, la transgénesis entraña una serie de impactos inherentes a la tecnología, que han sido estudiados por varios científicos alrededor del mundo.

EJ. DE PAPA TRANSGÉNICA

El incremento de la productividad es uno de los argumentos más populares para la promoción de transgénicos. Sin embargo, ellos han protagonizado fracasos agrícolas debido a la inestabilidad del genoma modificado (Riechmann, 2004). Este el es caso de la papa transgénica “New Leaf” desarrollada por la compañía estadounidense Monsanto, modificada con los genes que codifican la toxina insecticida de la bacteria Bacillus thuringiensis (conocida como Bt) resistente a insectos Lepidópteros (al que pertenecen las mariposas y polillas que en su estadio larvario, pueden constituirse en plagas agrícolas).

Esta papa fue plantada en Georgia (ex URSS) en 1996 y causó la pérdida de hasta dos tercios de la cosecha y endeudamiento de los productores debido a su inadaptación al medio y vulnerabilidad ante el hongo Phytophtora, agente causal de la enfermedad del tizón tardío de la papa. Pérdidas similares se registraron con otros cultivos transgénicos como el tomate FlavrSavr, el algodón Bt en la India e Indonesia, entre otros (Anderson, 2002).

RIESGOS

Por otro lado, la inclusión de proteínas que nunca fueron parte de la dieta humana, produce propensión a desórdenes fisiológicos e inmunológicos, especialmente alergias (Freese, 2006). Para mostrar sólo un ejemplo, en un estudio reciente con ratas de laboratorio alimentadas con el maíz transgénico MON863 se encontró varios resultados significativos como una mayor cantidad de basófilos, lo que indica una reacción alérgica; aumento en el número de linfocitos y células blancas, los cuales usualmente aumentan ante la presencia de infecciones, cáncer, varias toxinas y enfermedades; menor número de reticulocitos, lo que es un indicio de anemia; disminución en el peso de los riñones, relacionado con problemas de presión arterial; y una elevación de los niveles de azúcar en la sangre, lo que no puede ser catalogado como biológicamente insignificante, dada la epidemia de diabetes. También se encontró niveles elevados de inflamación de riñones, necrosis de hígado (Puztai, 2003). A pesar de ello, este maíz ha sido aprobado en varios países.

El gobierno nacional aprobó una nueva soja transgénica. En este caso, bajo un discurso épico y nacionalista por haber sido desarrollada por científicos del Conicet (el mayor ámbito de ciencia del país) y empresarios argentinos. Según la publicidad, la nueva semilla es más productiva y resistente a la sequía. “No se trata sólo de eventos tecnológicos, sino también económicos y sociales que van a producir más alimento para la humanidad”, prometió la Presidenta por cadena nacional.

En los últimos doce años el gobierno aprobó 26 transgénicos de soja, maíz, algodón y papa. Nunca antes se habían aprobado tantos. Los expedientes son secretos y no se conocen estudios de impacto en el ambiente ni en la salud de la población.

Sí son públicas las consecuencias directas del avance transgénico: corrimiento de la frontera agropecuaria, desmontes, agrotóxicos, más desalojos de campesinos y pueblos originarios.

El espacio clave para la aprobación de transgénicos en Argentina es la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia), creada en 1991 y cuyos integrantes fueron secretos hasta fines de 2014. De 47 especialistas, más de la mitad (27) pertenecen a empresas (Monsanto, Syngenta, Bayer, Dow, Ledesma, Don Mario) o son científicos que realizan trabajos para las mismas compañías.

El más claro conflicto de intereses se observa en el máximo responsable de la Conabia y director de Biotecnología del Ministerio de Agricultura, Martín Lema, quién escribió el “paper científico” Desarrollo de construcción basada en criterios de evaluación de riesgo para cultivos junto a Monsanto, Syngenta, Bayer, Basf y Dow Agroscience: todas empresas a las que debe controlar.

Desde 1996, la Conabia aprobó 33 eventos transgénicos de maíz, soja y algodón y, ahora, papa. El 78 por ciento de ellos (26) tuvieron luz verde durante el kirchnerismo. Las empresas favorecidas fueron Monsanto (12 semillas transgénicas), Syngenta (siete), Pioneer-Dupont (cuatro), Dow Agrosciences (tres), Bayer (dos) y Nidera y Basf (una cada empresa). En algunos casos, las semillas aprobadas son compartidas por dos compañías.

En sólo dos casos (soja RR, de 1996 y soja Intacta RR2, de Monsanto, en 2012) los expedientes fueron públicos. El primero por una filtración durante el conflicto por la resolución N° 125. El segundo, por una demanda judicial. En ambos casos se denunció que los procedimientos de aprobación estuvieron plagados de irregularidades y se confirmó que el Estado no realiza estudios propios.

PAPA

“Por primera vez en la historia Argentina podrá comercializar cultivos biotecnológicos nacionales”, tituló la gacetilla del Ministerio de Agricultura el 5 de octubre. Se refería en particular a la primera papa transgénica. En el mismo tono triunfalista, el diario La Nación celebró: “Hito de la bioeconomía”.

El beneficio, según la publicidad oficial, consiste en que la papa se hace resistente al Virus PVY, muy común en el cultivo y que la vuelve menos productiva.

La empresa a cargo de la papa transgénica es Tecnoplant, del Grupo Sidus, y el Conicet interviene mediante el Instituto de Ingeniería Genética y Biología Experimental (Ingebi). El periodista Patricio Eleisegui reveló que uno de los responsables del proyecto es Alejandro Mentaberry, que también es jefe de gabinete del Ministerio de Ciencia. La cartera tiene incidencia en el Conicet y en la Conabia. Se suele llamar a esta ubicación “conflicto de intereses” o, también, estar de ambos lados del mostrador.

El Grupo Sidus es un viejo conocido del ministro Lino Barañao, quien trabajó allí formalmente en la clonación de animales.

El otro referente en el desarrollo de la papa transgénica es Fernando Bravo Almonacid. Y también presenta conflicto de intereses: integra la Conabia, espacio que aprobó el organismo genéticamente modificado que él mismo presentó.

Ninguna de estas relaciones cruzadas aparece en las gacetillas oficiales que celebraron el nuevo “evento biotecnológico”.

INFORMES NEGADOS

El Centro Estudios Legales del Medio Ambiente (Celma) presentó en junio de 2014 un pedido de informes al Ministerio de Agricultura sobre la papa de la empresa Tecnoplant-Sidus. La única investigación científica pública que avala ese transgénico se remite a 2012: Prueba de campo. Evaluación de flujo de genes y estudios precomerciales de papa transgénica seleccionada por su resistencia al Virus Y (PVY, por su sigla en inglés), en la revista Investigación transgénica.

El Ministerio de Agricultura nunca respondió. El abogado Fernando Cabaleiro advierte: “Nunca hicieron pública la evaluación sobre la inocuidad alimentaria, ya que la papa es de consumo directo. Suelen hacer estudios en ratas de sólo tres meses meses, cuando deben ser de dos años. Y, muy grave, la papa transgénica se aprobó sin haber descartado sus posibles efectos cancerígenos”.

Monsanto ocultó durante ocho años un estudio sobre papa transgénica que determinaba que no es apta para consumo humano. La investigación del Instituto de Nutrición de la Academia de Ciencias Médicas de Rusia, informó en 1998 que el transgénico causaba “daños significativos sobre los órganos de las ratas en el estudio”.

En 2009, el gobierno de Sudáfrica rechazó la autorización de papa transgénica, decisión sorprendente ya que sí había autorizado soja, maíz y algodón modificados genéticamente. Pero en el caso de la papa enumeró once motivos para la negativa, entre ellos: “Riesgos a la salud humana, el ambiente y la comunidad campesina”, que podrían suscitarse al introducir las papas modificadas genéticamente.

La organización ambiental internacional Amigos de la Tierra emitió un comunicado del 2 de octubre pasado: “Gran paso contra los cultivos transgénicos en la Unión Europea. Once países reclaman su prohibición”.  Alemania, Austria, Chipre, Croacia, Francia, Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Países Bajos y Polonia solicitaron a la Comisión Europea (CE) la prohibición de varios cultivos modificados genéticamente que ya había sido aprobado. También se sumaron regiones como Valonia (Bélgica) e Irlanda del Norte, Gales y Escocia (Reino Unido). Y otros tres países (Italia, Bélgica y Dinamarca) evalúan seguir el mismo camino. Todos rechazan el cultivo de nuevos transgénicos en sus territorios.

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