OTRO MODELO DE AGRO ES NECESARIO

OTRO MODELO DE AGRO ES NECESARIO

Herbicidas, fumigaciones a pueblos enteros, paquetes tecnológicos vendidas por multinacionales ponen en riesgo la salud de las poblaciones y el medio ambiente.

La noticia vuela desde Ciudad de Buenos Aires: el fiscal federal Fabián Canda solicitó el dictado de una medida cautelar para suspender el uso de paquetes tecnológicos de las semillas transgénicas y los derivados del herbicida glifosato, popularizado por le soja genéticamente modificada de la multinacional Monsanto, recientemente adquirida por Bayer. Se estableció una zona de protección contra este veneno de más de 5 kilómetros los centros poblados, escuelas, pueblos y casas rurales, ríos, lagunas y pozos de extracción de agua subterránea.

Siembra que no es futuro

Luego de una década de resistencias, informes, investigaciones, movilizaciones y aguantar los golpes y presiones de multimillonarias empresas, las poblaciones afectadas, pequeños campesinos y comunidades indígenas recibieron una confirmación, tibia y poco contundente, de lo que tanto sabían por la práctica cotidiana: el glifosato produce cáncer. Mata. La Organización Mundial de la Salud señaló: “Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos”, y que en pruebas de laboratorio, “también causó daño del ADN y los cromosomas en las células humanas”. Hoy, discutir el glifosato en Argentina, es poner en jaque al modelo agroecológico privilegiado desde la década de 1990 y que desde el 2003 alcanzó su mayor desarrollo, la llamada sojización del campo: el área sembrada de este grano para la temporada 2016/2017 fue de 19, 6 millones de hectáreas, mientras que el maíz sólo alcanzó los 5,8 millones de hectáreas y el trigo 4, 6 millones. Nada de Granero del mundo.

El auge del cultivo de la milenaria soja, legumbre que hasta hace unas décadas no hubiera sido asociada con el perjuicio a la tierra, vino de la mano de la aprobación de su variante transgénica RR, en 1996, patentada por Monsanto, que toleraba las aplicaciones del poderoso herbicida glifosato, producida y ofrecida por la misma empresa: la posibilidad de eliminar cualquier maleza y parasitaria sumada a los altos precios que logró en comparación con cualquier otro producto agrario fue suficiente para que el campo se sembrara de soja hasta en las banquinas. A día de hoy 6 de cada 10 hectáreas de la tierra cultivable de Argentina es propiedad de la soja; en Paraguay llega a 8 de cada 10. Mientras tanto, Monsanto te vendía el paquete completo, año tras año, para que nada pudiera fallar: te daba la semilla, el herbicida y fertilizante. Pero las malezas se hicieron más resistentes y el suelo menos fértil, y las aplicaciones de una y otra tuvieron que incrementarse…

Cuerpos envenenados

“Los plaguicidas, compuestos químicos utilizados en la agricultura convencional para el control de plagas y enfermedades que afectan a los cultivos, configuran un aspecto central de las prácticas agrícolas, tanto en países desarrollados como en desarrollo. Mientras que los efectos agudos de la exposición humana a plaguicidas son muy conocidos, el impacto en la salud de exposiciones crónicas de bajo nivel lo es menos. Existen numerosos estudios que describen presencia de alteraciones genotóxicas, mutagénicas e inmunológicas, que pueden expresarse como asociación con cáncer, déficit neurológicos y neurocognitivos, disrupción endócrina malformaciones congénitas y problemas de fertilidad y reproducción”, indicaron en un estudio presentado al Ministerio de Salud de la Nación, que demostraron la relación entre altas tasas de cáncer en pueblos que son expuestos a distintos plaguicidas. Y las investigaciones, generalmente privadas o de universidades nacionales, vienen revelando algo que parecería obvio hasta al menos conocedor del tema: la exposición a los agrotóxicos son perjudiciales para la salud. El trabajo realizado por Sergio Páez indicó que en las zonas tabacaleras expuestas a pesticidas, el 52 por ciento de los trabajadores adujeron algún tipo de enfermedad o malformaciones congénitas, cáncer, náuseas, vómitos, alteraciones del sistema nervioso, problemas de visión, ocasionadas por el uso de dichos productos. Los resultados del doctor Damián Verseñassi van en el mismo sentido: en las localidades visitadas, encontró entre 386 y 789 casos de cáncer cada 100 mil habitantes, cuando el promedio nacional es de 206/100.000hab.; o  40 casos de hipertiroidismo por cada 100 mil personas, cuando la media nacional es de sólo uno por cada 100 mil.

El caso de Ituzaingó, Córdoba, popularizó la lucha de una pequeña población rural contra el modelo agrotóxico: tras años de movilizaciones, la Justicia avaló la denuncia que ligaba las fumigaciones con los altos casos de cáncer en la población. El resultado: la Cámara 1ª del Crimen de la ciudad de Córdoba condenó a 3 años de prisión condicional al productor rural Francisco Parra y al piloto aeroaplicador Edgardo Pancello por contaminación ambiental a partir de aplicaciones ilegales en campos lindantes con este barrio. Pero lo que prometía ser un efecto dominó que pusiera en tela de juicio al modelo, se atoró en una causa individual y no más replicada por jueces y fiscales.

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