REGGAE: RITMO DE AUTOGESTIÓN

REGGAE: RITMO DE AUTOGESTIÓN

Al compás de los tambores africanos, se caracteriza por su rechazo a las grandes discográficas, que lleva a sus músicos, sin distinción alguna, a organizarse y a producir ellos mismos sus trabajos. De Bob Marley a la actualidad, una idea de libertad que perdura.

 El 13 de abril de 1973, el Rey del reggae, Robert Nesta Marley, sacaba Catch a fire, el primer álbum de su banda Bob Marley and The Wailers, que llevaría a este estilo musical a otro nivel, al estrellato mundial del cantante y al movimiento Rastafari mucho más allá del Caribe, para convertirse en signo identitario en cada uno de los continentes.

Mientras Catch a fire sonaba en las radios de Gran Bretaña y Estados Unidos, y poco a poco iba conquistando a la audiencia, Marley tenía tenía enormes problemas en Jamaica  para poder llegar a una población que ya reconocía en Bob a uno de sus mejores exponentes culturales. El gobierno, las radios y varias discográficas le habían declarado la guerra a la banda y al género: una música de negros, pobres, llevando el mensaje de los oprimidos y de Rastafari, era demasiado peligroso e indecente en una isla que seguía reconociendo a lo blanco y lo europeo como parámetro de lo bueno, lo bello y lo civilizado, pese a que el 99 por ciento del país era de descendencia africana. En el medio, una disputa entre los dos partidos políticos del sistema electoral jamaiquino por hacerse del poder, con niveles de violencia en aumento, donde a diario partidarios de unos y otros, se encontraban a los tiros en los barrios bajos de su capital, Kingston. Las palabras de unidad, resistencia y reivindicación de la negritud no eran bienvenidos, y la censura en los medios de comunicación era la forma de hacérselos saber a los jóvenes intérpretes de la banda: Bob, Peter Tosh y Bunny Wailer, entre sus más famosos.

Durante los primeros años tuvieron que ir de estación en estación, convencer a los Dj’s de los sound system –sistemas de sonido portátiles, que era la forma cotidiana donde la música popular llegaba a los barrios-, que no hicieran caso a las amenazas de las autoridades, y que pasaran los discos. Ellos mismos vendieron sus discos en las calles, que se convirtió un éxito total de la banda que tenía por lo menos ocho años de historia, conformada cuando Bob, Peter y Bunny eran unos adolescentes y que ya había producido canciones icónicas como Soul Rebel o Rude Boy. Sólo la aceptación europea y norteamericana les dio el visto bueno local; si eran reconocidos en el centro del mercado mundial, podían serlo en la isla caribeña.

Otro hito en la composición musical de los Wailers fue la creación del sello discográfico Tuff Gong en 1965, encargada de producir, grabar y distribuir las creaciones de la banda y, ya con Bob en la cúspide mundial, de un sinnúmero de artistas locales. Lo que va de 1965 a 1973, el grupo tuvo un sinfín de sinsabores con la industria discográfica jamaiquina, signada por el plagio, fraude y robo de letras y dinero. Sumada a la censura y al monopolio de los medios de producción musical, Tuff Gong emergió como un grito de libertad entre tanta miseria. En una entrevista que realizada en 1980 a Bob Marley, él cuenta sobre el desarrollo de su discográfica y la importancia que tenía tanto para la libertad económica como musical de quien fuera a grabar: “Los músicos deben estar más organizados. Si ellos entienden de lo que se trata el reggae y no escapan de ellos, lo único que pueden hacer es organizarse, controlando quién accede a su música y cuándo acceden a su música, qué hacen con ella. Tuff Gong está organizada, pero todavía tenés a un montón de artistas afuera, que no saben realmente qué está pasando. Todo lo que podemos hacer es explicarle quiénes los están explotando. Tuff Gong es un lugar donde tu voz es libre. Hacés tu grabación, la vendés y decís la verdad sin ninguna interferencia”.

Sin embargo, esta orientación a auto-organizarse no nació meramente de la necesidad de escapar de las contingencias del mercado, de la censura oficial y de los medios de comunicación, sino de su relación con el movimiento político-religioso Rastafari, que hizo del reggae su medio de comunicación y expansión preponderante; más aún, el reggae se apropió de compases propios de las reuniones rastafaris, los ritmos nyabinghis. Esta noción de autogestión fue tomada del líder negro jamaiquino de principios del siglo XX, Marcus Garvey, que entre 1915 y 1930 logró enorme popularidad por medio de su organización United Negro Improvement Association (UNIA), que reunió a más de cinco millones de seguidores en cada uno de los continentes. Entre sus ideas estaba la de instruirse y conformar emprendimientos para lograr la libertad económica: “Marcus Garvey nos mostró cómo industrializarnos”, señalaba Bob en la entrevista. Pero la autogestión era una de las propuestas que el movimiento sostiene en su impugnación al capitalismo y al consumismo, una forma de independizarse del sistema que proponen destruir. De ahí, las innumerables experiencias de comunidades agrarias, manufacturas y, en el reggae, las discográficas.

Hoy en día, miles de Tuff Gong han florecido y son el rasgo predominante de la industria. De las bandas más chicas a las que están en la cima del reggae: Alborosie, VP Records, SOJA con ATO y MapleMusic , Groundation con Young Tree Records o los herederos Marley, continúan con el legado de su padre. ¿Será por esta libertad que el reggae sigue constituyendo un género que encarna la música de libertad de los oprimidos, de los pobres, de los afrodescendientes y todo negado y excluido por la sociedad?

©2019 Portal de Noticias Consumo Solidario | info@consumosolidario.com.ar

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?