SIGUE GRILLANDO

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Mangiata mantiene su fuego intacto, después de su recuperación hace ya tres años y medio, superando un camino lleno de adversidades. Pese a la inflación, la crisis energética y la caída del consumo, los trabajadores mantienen el fuego vivo. 

“La situación es complicada desde diciembre pasado por una cuestión de que la gente sale menos”, nos cuenta Roberto Montero, el presidente de la Cooperativa Mangiata Restaurante, el establecimiento gastronómico que los trabajadores recuperaron hace tres años en Ángel Gallardo 1008, en el barrio de Caballito, cuando el grupo empresario Oja intentó  cerrarlo luego de un largo proceso de vaciamiento: salarios impagos, disminución de la calidad de los productos, deudas con proveedores.

“Dijimos basta y hasta hoy nos banca una clientela de fierro”, celebra Roberto. Mangiata es un restaurante de esos que se vuelven parte de la identidad del barrio. ¿Cómo no darse una vuelta y compartir el plato, siempre generoso, hasta dejarlo limpio? Salpicón de calamares y mejillones, bife de chorizo con unas ricas papas, fetuchini rústica son algunas de las opciones. Cuándo le preguntamos al trabajador sobre cómo hacen para que los precios no se disparen y pianten a la clientela, fue preciso: “De fin de año para ahora lo único que incrementamos al público es el valor que aumentó la materia prima en la carta: si el bife en el plato subió 5 pesos, nosotros aumentamos el plato 5 pesos. No le sacamos ganancia”.

“Desde que agarramos en 2013 la política fue de hacer una cuenta para no recargar los precios para que la gente pueda venir a comer, a disfrutar y que sea un precio económico que a nosotros nos deje una plata para poder llevarnos y poder vivir; simplemente poder comer todos los meses. Somos 34 para compartir”, dice Roberto mientras una olla larga vapor y un olorcito que hace crujir las tripas.

RESISTIR EN LA COCINA

¿Qué mejor manera que hacerlo desde el cooperativismo? Mangiata fue uno de los varios restaurantes que empresarios sin escrúpulos quisieron cerrar en 2013. Don Battaglia, La Soleada, Alé Alé y Los Chanchitos fueron los otros. Mientras que el destino de todos parecía el mismo, en conjunto lo vencieron: recuperaron los establecimientos y los puestos de trabajo. Ahora, también en equipo, comparten proveedores y clientes, y hacen compras colectivas: una red con rico gusto que continúa ampliándose. “Acá cuando la sufrimos, la sufrimos todos, cuando hay que festejar, festejamos todos”, recalca Roberto, que se acuerda de una celebración que aún le pinta una sonrisa: “Éramos 32 cuando arrancamos, ahora somos 34”. Una muestra de que el camino, aunque tenga varias piedras para esquivar, se puede transitar de a muchos.

Ya lo vienen advirtiendo diferentes informes, y con sólo caminar uno puede ver como el sector gastronómico vive momentos complicados: como señaló la presidenta de la Cámara de Restaurantes, desde principios de año, cierra un restaurante por día en Capital Federal. Y los carteles de “se vende”, “se alquila” o “cerrado”, se multiplican por doquier. El tarifazo, especialmente en una actividad donde el consumo de gas es esencial, la suba en los alquileres y los impuestos hacer que el sector sea cada vez menos sustentable.

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