TIRAR PARA ADELANTE

TIRAR PARA ADELANTE

Crédito Fotos: Ariel Martínez Kunrath

La Cooperativa La Casona consiguió abrir un segundo local en Lanús mientras peleaba por conservar el de la esquina de Maipú y Corrientes. Ante recesión y tarifazo, la autogestión avanza.

Con adornos de temáticas antiguas, músicos, artistas, autos, fútbol, publicidad mujeres, moda y herramientas ornamentan las paredes del nuevo local de La Casona Cooperativa, en pleno polo gastronómico de Lanús: esquina de Iberlucea e Irigoyen.

“La mentalidad de abrir otro negocio existió desde que empezamos a autogestionar La Casona de Capital”, contó Cristian Sik a Consumo Solidario, y resumió todo un corpus de ideas.

“La autogestión dignifica”, sintetizó un cartel en medio de un cuadro que está sobre la escalera del nuevo local de Lanús de la Cooperativa La Casona.

Crsitian define autogestión: “creación de empleo sin patrón, democracia económica, amor al trabajo, compañerismo, unión, sacrificio”.

Y dignidad: “Llegar a casa y darle un plato de comida a tus hijos”.

Para eso, tuvo que pelearla. Pelearla en serio. Hace dos años y medio, los patrones de lo que era La Casona se borraron. Dejaron en banda a los empleados. Todo por un negocio inmobiliario.

“Ya había mucho descuido por los clientes, clientes de todos los días que dejaron de venir porque bajaba la calidad”, relató el hoy encargado del restobar de Lanús. “Cuando pedían un menú y querían tomarse un vino, se les decía que no. Las encargadas no aceptaban ni cobrar un recargo”, ejemplificó Cristian, que ya tiene 18 años en el gremio, siempre en La Casona. “Esas pequeñas cosas hicieron que la gente se fuera, y como la dueña confiaba en las encargadas, todo se fue a pique”, siguió.

El miércoles 15 de febrero llegó a La Casona de Capital una notificación importantísima: el desalojo que había ordenado un juez de primera instancia del fuero comercial era rechazado por la Cámara de Apelaciones. La empresa propietaria, Corrientes 680 S.A., los quería fuera para hacer negocios inmobiliarios en una esquina emblemática.

El conflicto se remontaba a la recuperación, en julio de 2014, frente a la quiebra de la empresa New North, que durante los últimos meses de gestión había dejado de pagar sueldos, despedido a empleados y generado una deuda con proveedores y empresas de servicios que los trabajadores pudieron saldar. Los trabajadores, sin embargo, quedaron como acreedores de la fallida, por lo que se legitimaba su derecho a seguir atendiendo ese local.

INVERTIR PARA TRABAJAR

“Necesitamos crear más trabajo y para eso tenemos que invertir. No tiene sentido repartir ahorros el día de mañana”, opinó Sik, con sus dos años de experiencia en la (auto)gestión. Pero también resaltó otra forma de experiencia: “Sabemos lo que es tener hambre. Como cooperativistas, tenemos la responsabilidad de invertir”.

Con este nuevo local, cinco familias más ya tienen qué comer, pero además, ganaron en calidad de trabajo: hay nuevos puestos para conocer, para crear, para desarrollarse, y hay más: “Ya estamos pensando en alquilar otro local”.

“Nos costó aprender de verdad qué es el compañerismo y tirar todos para adelante, pero lo logramos. Estábamos acostumbrados a trabajar bajo patrón: se miraba mal al cliente, se descuidaba la mercadería. Ahora con este local que abrimos, están todos chochos. Queremos plata para abrir otro negocio y que el día de mañana haya más gente trabajando, cobremos más y hagamos lo que querramos. Ahora estamos finalmente tranquilos con un contrato de alquiler”, dijo, en referencia a los dos años y medio de conflicto en Maipú y Corrientes.

AGRANDAR HASTA EL ÚLTIMO DETALLE

Durante la recorrida por Lanús, se dieron cuenta de que no había restaurantes con temáticas antiguas, y tomaron la decisión. “Repercutió muy bien, porque les llama la atención a los chicos, los más grandes tienen recuerdos”, explicó Cristian. “Esto tenía mi abuela”, “Así eran los platos de mi mamá”.

Maderas de persiana. Las compré en casas de demoliciones. Las desenganchamos fierrito por fierrito, las cortamos a medida, les pusimos decapante con pincel, esperamos a que levantara la pintura, rasqueteamos y las pegamos todas contra la pared para que no quedaran huecos donde pudiera haber bichos. Imprimieron, cortaron y pegaron una por una todas las fotos, y barnizaron.

Los asociados están cómodos mientras trabajan; los clientes mientras comen. “Acá en Lanús hay mucho local para chicos, con música o como confitería. Nosotros buscamos algo intermedio: un restaurante con algo de bar. Conseguimos buena vajilla, pero con buen precio”. A la noche hay música tenue de Frank Sinatra, Elvis, aunque también música más moderna.

Bordeaux granate. “Coincidimos todos en pintar así por fuera. Queda muy bien con el amarillo ocre de las casas coloniales. El local se prestaba porque es un edificio antiguo. Hay mucho hincha de Lanús, asique están contentos. Pusimos muchas fotos de equipos viejos. Iremos agregando cosas”, adelantó.

El viernes de la inauguración, las dos plantas se llenaron. También se llenó el sábado, y el domingo… Y el martes estalló con el Día de San Valentín.

TRABAJAR, AHORRAR, TRABAJAR MÁS Y MEJOR

Un local tan llamativo fue conseguido “a fuerza de pulmón”, con los ahorros conseguidos en dos años y medio de trabajo en Corrientes y Maipú o la “sucursal Capital”, como ya la llaman, y con más trabajo.

“Hicimos un esfuerzo muy grande para mejorar la calidad, atender mejor, cambiar la carta, bajar los precios. Antes no se podía atender bien a la gente. Cuando uno sabe que es de uno, ya depende solamente de nosotros. Si hacemos bien las cosas, saldremos para adelante. Acá está la muestra de este sacrificio”.

En Capital, habían puesto menúes económicos fijos con vasos de bebida, comida por peso con buena variedad, y la gente los apoyó, 2×1, bajar costos, agregaron bondiolas, platos de pescado, milanesas nuevas como lomonesa, pizzanesa. bife de chorizo a la riojana, papas rústicas, pizzas rústicas con jamón crudo y rúcula. Mejoraron los precios yendo a comprar en el Mercado Central, para no tercerizar. Buscaban precios en Mataderos, en distribuidoras. Antes no lo hacían. Y ahorraron.

GANAS DE TRABAJAR

Antes estaban disconformes porque no les habían pagado aguinaldo, porque no les daban lo que les correspondía por horas extra, por feriados: los mozos atendían mal, los platos llegaban tarde. “Esas cosas cansan”, explicó Cristian.

Ahora no cobran recargo de tostado, con un té llega una tetera doble con dos saquitos de té. “Nosotros no tenemos cargas sociales, tenemos ventajas, la tostadora está prendida todo el día, el saquito de té nos sale 10 centavos. No nos cuesta nada atender bien”, ejemplificó.

“A mí me gusta cambiar el postre por un café, y el costo es menor. En algunos lugares no te dan esa concesión. Nosotros sí. Lo mismo cuando nos piden un plato que no está en la carta: si tenemos la materia prima, los hacemos”.

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